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La Nación: Labios Superiores Imprimir E-Mail
sábado, 04 de marzo de 2006
La Casona de Lima, buen regreso a los peruanos - La cocina del Rimac es graciosa, original y nada cara si se plantea con sensatez. Pero la codicia rompe el saco y no todos son ahora ni buenos ni baratos. Esta es una buena excepción, que ojalá dure.

Los restaurantes peruanos (o seudoperuanos, o de intención peruana, lo gracioso hay que imitarlo) ya han comenzado a someterse a una prueba de destreza de cara a los consumidores un poco desconcertados ante la abundancia de oferta, de calidades no siempre meritorias y, lo más grave, con precios casi iguales a los de cualquier restaurante convencional, más o menos 10 mil pesos por persona.

Lo hemos dicho y creemos que la pista va por ahí. Para ser peruanos (casi siempre tienen buenos sabores, instalaciones baratitas y garzones muy elementales), este tipo de restaurantes deben ser económicamente convenientes, así como empezaron.

En el sentido anterior, y por encima del hecho casi traumatizante de que está en un sexto piso de un edificio de estacionamientos en la calle Barcelona, en plena Providencia, La Casona de Lima tiene buena oferta, ricos sabores y debería irle mejor y tener más público, habida cuenta, además, que ha tenido muy buena crítica; entre otras, de la suma sacerdotisa Soledad Martínez, la decana de Wikén.

Podrá decirse que un cebiche es un cebiche y una causa limeña una causa limeña, pero también puede decirse que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: la causa limeña de atún de la morenaza Charo Rojas, de La Casona de Lima, es, a buena distancia del poema de causa de pejerreyes fritos que hacen en Astrid y Gastón, a un precio muy otro, es cierto, la mejor que hemos probado en meses. También es muy bueno el cebiche de corvina (a los restaurantes de especialidades hay que pedirles siempre lo básico, y en un peruano lo primero es causa, cebiche y ají de gallina, aunque sea obvio) y, cosa muy importante, a 3.500 pesos, que pocos colegas ofrecen a ese precio y con tal calidad.

Los precios, ya lo dijimos, no son dato menor en los restaurantes peruanos. Deben y pueden ser prudentes, como en La Casona. Y La Casona de Lima no es ni más ni menos elegante (ni poco elegante) que otros restaurantes peruanos. Como la calidad de todos sus platos es, en general, bastante buena y con rasgos notables en algunas creaciones, como el adobo de cerdo macerado en anís, pisco, maní y especias peruanísimas, la balanza se inclina netamente a su favor. Es verdad que los acompañamientos (arroz blanco muy bueno, como todos los peruanos, a mil pesos y papas salteadas a 1.300) son cobrados aparte, y eso es siempre antipático. Pero aun así, un plato muy rico y abundante como este adobo viene saliendo al final por 4.500 pesos, lo que no es nada caro.

Un piqueo, o gran entrada para compartir hasta entre cuatro personas, que incluye causa de atún, camarones al olivo, conchitas de cebiche y papas a la huancaína, cuesta 8.800 pesos en el lugar. Y como la mayoría de los platos está casi siempre un poquito arriba de los 3.500 pesos, puede concluirse que por alrededor de seis mil se pude comer bien, sin contar cerveza ni vino.

En los precios (y en el hecho de que está a tiro de piedra de Pedro de Valdivia con Providencia) residiría uno de los ganchos de La Casona de Lima. Para nosotros, sin embargo, el gancho está en la buena mano de la jefa de cocinas, Rosario Rojas, y en la bienintencionada actitud de los garzones, todos peruanos.

Un hecho no menor es que los propietarios, Javier y Fernando, los únicos chilenos del equipo, están atentos a la jugada, preocupándose de insumos y calidad de la comida, y eso siempre se nota.

Cuando creíamos venir de vuelta de la amistad con los comederos peruanos (hemos tenido experiencia, buenas, regulares y muy malas), La Casona de Lima nos ratifica, de nuevo, que los peruanos tienen la mano santa para cocinar.
Y que para ello sólo hay que tener producto fresco y ponerle cariño. LND.

La Casona de Lima. Estacionamiento de calle Barcelona 2077, 6º piso. Teléfono 333 28 24, Providencia.