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Las Últimas Noticias: Tradición Peruana Para Todo Público Imprimir E-Mail
jueves, 09 de febrero de 2006
La Casona de Lima, sobre la calle Barcelona, tienta por igual a ejecutivos, parejas en plan romántico y nostálgicos rojiblancos.

En cualquier restaurante capitalino, hoy dejar el auto en un lugar seguro y cercano importa tanto como la calidad del chef o el ambiente acogedor. La Casona de Lima, de calle Barcelona -entre Pedro de Valdivia y Guardia Vieja-, lo tiene resuelto desde hace tiempo, pues ocupa el sexto piso de un edificio de estacionamientos, que resulta gratis para los clientes.

Su extensa superficie le permite funcionar -en ocasiones- para fiestas y matrimonios, con capacidad máxima para quinientas personas. Pero ahora en el verano, reduce su espacio para que el comedor resulte amplio, pero intimista.

De día, de noche

El restaurante apunta a los ejecutivos, bancarios y otros, del sector de Providencia y Pedro de Valdivia. En las noches, su público incluye familias, reuniones de negocios, parejas y también algunos peruanos nostálgicos.

En el frondoso paisaje de la gastronomía del país vecino, La Casona de Lima se define por los platos clásicos, de mano de la morena Charito Rojas, que a modo de pasaporte presenta un ceviche con sello personal: corvina cortada en trocitos, cebolla morada, su buena sal y su ají rocoto, guarnecido de maíz de dientes grandes, como tiene que ser. A eso le agrega el anaranjado camote y las tentadoras "canchas" o maíz tostado. Frescura y sabor, pero también una presentación que desata los apetitos.

Los socios Fernando Jara y Javier Vernales abrieron un restaurante en Bellavista que se llamó Eneldo. Cuando descubrieron que la cocina peruana estaba marcando tendencia, lo transformaron en La Casona de Lima, que tuvo una buena época. Pero el apogeo lo encontraron desde hace un par de años en su sede de Barcelona, donde se puede comer bien por $12.000. Se diría que han observado la evolución del comensal capitalino frente a los platos peruanos, que entregan con fidelidad. Además, aprovechan la importación de productos desde el vecino país, lo que les permite dar autenticidad a los guisados.

La cocina de siempre

Su menú es un reencuentro con los platos conocidos: pulpo al olivo, chicharrones de pescado, papas a la huancaína, ocopa arequipeña perfumada de huacatay y causas de atún, pollo, camarones y de espárragos. Ahí también se incluyen ceviches de pescados o mariscos.

Vale la pena probar el adobo de cerdo, macerado en anís, pisco, ají panca, maní y especias (también se puede pedir el preparado en conejo). Por cierto disponen de lomo saltado, seco de cordero, anticuchos y caucau de mondongo. No faltan el ají de gallina, también en escabeche o en seco. Tampoco la parihuela de mariscos, los chupes, los pescados a la chorrillana o al huacatay. Alardean de un surtido de diversas salsas, desde el ajo a los camarones.

Los postres son de muy buena factura, ya sea una crema volteada, un suspiro de limeña, la típica mazamorra de maíz morado y muchas otras varias tentadoras opciones, que hay que verlas. Y no perderse su surtido de aperitivos y bajativos, a precio prudente, que por cierto comienzan con un incitante pisco sour.