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Chilevinos: El Son de Perú a Buen Precio |
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martes, 28 de febrero de 2006 |
Como la historia ya lo ha demostrado en muchas ocasiones, los entendimientos que no se pueden alcanzar por vía diplomática es casi seguro que se logran en torno a una buena comida.
Qué mejor ejemplo de ello que lo que ha ocurrido con nuestra ya añeja rivalidad con el Perú. Desde que se instalaron en Chile los primeros restaurantes que nos recuerdan al Rímac, la admiración que hemos sentido por la gastronomía del país vecino ha sido capaz de derribar fronteras y eliminar prejuicios de manera mucho más eficaz que lo que se ha podido hacer por otros medios.
En este sentido, el restaurante La Casona de Lima es un positivo ejemplo que viene contribuyendo a formar sólidos vínculos de buena vecindad desde hace ya ocho años. Debe su nombre a sus inicios, cuando se instaló en una vieja casona del barrio Bellavista donde funcionó hasta 2003. Su idea fue traer hasta nuestras tierras lo mejor de la tan celebrada sazón popular peruana a precios razonables, un concepto que no podía fallar.
Sus propietarios, Fernando Jara y Javier Bernales, se han preocupado de incorporar personal peruano en las cocinas y en la sala, afianzando con el correr del tiempo un equipo sólido bajo el mando de los chefs Carlos Ardiles, especializado en pescados y mariscos, y Rosario Rojas, ambos con formación gastronómica profesional. La atención es cálida, con la característica amabilidad y la buena dicción que tanto nos llama la atención y destacamos de nuestros vecinos. Para completar el panorama, un excelente conjunto de música tradicional anima las veladas al son de la guitarra, la caja y el canto.
Escondido en un Sexto Piso
En su amplio local –ubicado en el último piso de un edificio de estacionamientos de la calle Barcelona, y cuyo acceso a través de las salidas y entradas de autos parece algo inhóspito a primera vista– caben holgadamente hasta 400 personas, y un poco más en eventos especiales. Sin embargo, en la alicaída vida nocturna de Providencia, la posibilidad de estacionar ahí mismo se agradece.
A la hora de escoger el menú, todos los platos vienen con la alternativa del auténtico picor peruano para los más valientes, o la versión más amigable para nuestros paladares, menos acostumbrados a este sabor. Aunque mi amor por el vino me ha ido haciendo perder el entusiasmo por tomar Pisco Sour al aperitivo, la noche en que nos reunimos con un grupo de amigos a cenar no pude sustraerme a la tentación ya que estaba preparado con el auténtico pisco peruano que se produce con uva Quebranta, una variedad no aromática que le da un sabor inconfundible al destilado de nuestros vecinos. Realmente muy bueno.
De la gran variedad de entradas que probamos en esa oportunidad, no podían faltar los Ceviches ($3.200). El que pedí, "A la Casona", estaba elaborado esa noche con trozos grandecitos de reineta (como se estila el ceviche peruano), cebolla morada, cilantro y choclo blanco de grano grande, acompañado por yuca y maíz “cancha”, es decir, granos de choclo secos y tostados. Este novedoso ingrediente le agrega al ceviche una textura crujiente y un sabor levemente ahumado. Muy acertado. Tampoco podían faltar las Causas ($2.600 la vegetariana y $3.800 la de camarón). Especialmente recomendable me pareció el delicioso Pulpo al Olivo ($3.900), preparado con una apetitosa salsa de aceitunas negras. Estaba blandísimo y muy sabroso.
Reminiscencias de Oriente
La lista de platos de fondo del restaurante es verdaderamente larga y variada, y fue perfecta para satisfacer los requerimientos de ocho comensales golosos y muy curiosos. Pedí un Lomo a la Huancaína ($3.900) con papas salteadas, cuyo punto de cocción estaba perfecto. Venía cubierto por una buena cantidad de esa salsa amarilla, levemente picante y sabrosa, a base de cúrcuma, que le da el nombre a este y otros platos de la cocina peruana.
Asimismo, probé un delicioso Ají de Gallina ($3.200), cuya consistencia me sorprendió agradablemente por su firmeza. Y cómo no: me informaron que se prepara con auténtica carne de gallina, la que posibilita la cocción prolongada que pide este plato sin deshacerse. También pude degustar un Picante de Camarones ($4.900), elaborado con una exquisita salsa de crema, queso y el coral de los crustáceos y acompañado por un verdadero hallazgo: un arroz al cilantro. Sin embargo, el plato que de todas maneras recomiendo por lo novedoso y por la originalidad de su sabor es el Conejo Adobado al Ají Panca y Maní ($4.900), todo un acierto. La salsa de este guiso trae algunas reminiscencias de curries de la India, por su mezcla de maní con algunos toques de anís y un picor que excita las papilas gustativas.
A la hora de los postres (todos valen $1.450), escoja sin pensar en las calorías. Simplemente déjese seducir por la dulcería proveniente de los conventos coloniales del país vecino, y disfrute de merengues, cremas y tortas. Puede probar una riquísima Mousse de Mango preparada con un merengue blando, bañado en salsa de vainilla con trocitos de mango; o escoger por el lado de la tradición: Leche volteada (parecida a nuestra leche asada, sólo que más firme), o el conocido Suspiro de Limeña.
También está toda la línea de tortas, como la de chocolate y la de almendras. Pero si desea intentar un postre verdaderamente diferente, le recomendamos la Mazamorra Morada. Se trata del jugo del choclo morado cocinado por largo rato, aromatizado con frutas secas, como huesillos y ciruelas, espesado con chuño y bañado con una fina crema inglesa.
La Casona de Lima es, sin duda, uno de los buenos restaurantes peruanos que hay actualmente en Santiago. Vale la pena visitarlo. Le aseguro que lo disfrutará y le abrirá su paladar a una experiencia perdurable.
La Casona de Lima
Barcelona 2077, 6° piso, Providencia
Teléfono 333 2824
- Harriet Nahrwold - |
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